“Yo soy un hombre sincero de donde crece la palma y antes de morirme quiero echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy, arte soy entre las artes, en los montes, monte soy.
Yo sé los nombres extraños de las yerbas y las flores y de mortales engaños y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura llover sobre mi cabeza los rayos de lumbre pura de la divina belleza.
Yo sé que al necio se entierra con gran lujo y con gran llanto, y que no hay fruta en la tierra como la del camposanto"
Extraído de Versos Sencillos (1891)
sábado, 21 de mayo de 2011
sábado, 23 de abril de 2011
De qué hablamos cuando hablamos de agroecología?
El Movimiento Agroecológico Chaqueño convocó en marzo de 2011, al tercer Encuentro Regional de Agroecología, la concurrencia año a año crece, el entusiasmo pervive y se multiplica y los actores que participamos sentimos que no estamos nadando en el vacío.
La soberanía alimentaria es un aspecto desde donde la agroecología se apoya y parte; las unidades productivas no son engranajes de un sistema, son familias de pequeños productores que participan de ese sistema tanto desde lo productivo como desde lo social y cultural. Aquí la autogestión familiar se encuentra con lo asociativo, las familias no pueden solas para cubrir sus necesidades, construyen soberanía en pequeña escala, generando alimentos y conformando la canasta alimentaria en interacción con sus vecinos. Pero esto recién comienza, en este punto pasamos a un estadio intermedio donde comienza a actuar el intercambio hacia afuera; la comercialización de excedentes por medio de las ferias francas y las tiendas locales en el marco de la propia comunidad, pero también la recepción de personas externas a la comunidad que llegan para consumir productos a través de formas de turismo sostenible; en este punto los servicios y la producción de artesanías se suman al sistema económico, los de afuera no depredan, intercambian riquezas y saberes, conocen la cultura local y dan a conocer sus culturas a través del diálogo y el intercambio.
Nuevamente la autogestión y lo asociativo cobran fuerzas, desde el diálogo con la comunidad, el pueblo o los pueblos vecinos, las organizaciones intermedias, los gobiernos locales y los propios vecinos.
Luego llegamos a un tercer estadio, el de la escala de los excedentes. Esto requiere volumen y planificación. Los destinos de estos productos irán afuera de la comunidad, esto no debe interferir con lo anterior sino integrarlo, completarlo. El consumidor urbano recibirá esta producción aún sin saber de donde viene ni como se produce, el desafío es hacérselo conocer, es por eso que necesitamos nuevamente de lo asociativo, la colaboración con organizaciones y personas en las ciudades para generar consumo crítico y responsable; el valor de marca desde la trazabilidad de todo el sistema y no sólo desde la invención de un mito, la generación de confianza a pesar de la distancia. Los movimientos de comercio justo, orgánicos y de slow food, tienden a generar estas plataformas de interacción con lo urbano; el volumen y la calidad sin desangrar la cultura y la comunidad de origen. Ahora bien, esto está creciendo y es el momento de generar una voz de atención con la burocratización del sistema de etiquetados, un desafío que desde las bases debemos tomar, el de generar sistemas fuertes de certificación participativa para atravesar este recorrido sin dejar de lado el origen de donde parte la agroecología.
Durante todo este recorrido tenemos dos dimensiones que atraviesan trasversalmente todo el sistema. La dimensión económica, los aspectos financieros para la producción y la planificación, los aspectos comerciales ligados al precio y la creación de los productos con sentido de marca, contribuirán a la sustentabilidad del modelo. La otra dimensión insoslayable en esto es la política, la especulación desde el valor dinero no tiene lugar en esta construcción económico-cultural, es aquí que la incidencia política influye ahora en sentido económico: la riqueza no es acumulativa, la riqueza es para la vida y se genera desde una experiencia plena, como productores, como consumidores, como investigadores, como creadores, como personas.
Salud al crecimiento de la conciencia agroecológica y adelante.
Harold Picchi
Pigüé 23 de abril de 2011
La soberanía alimentaria es un aspecto desde donde la agroecología se apoya y parte; las unidades productivas no son engranajes de un sistema, son familias de pequeños productores que participan de ese sistema tanto desde lo productivo como desde lo social y cultural. Aquí la autogestión familiar se encuentra con lo asociativo, las familias no pueden solas para cubrir sus necesidades, construyen soberanía en pequeña escala, generando alimentos y conformando la canasta alimentaria en interacción con sus vecinos. Pero esto recién comienza, en este punto pasamos a un estadio intermedio donde comienza a actuar el intercambio hacia afuera; la comercialización de excedentes por medio de las ferias francas y las tiendas locales en el marco de la propia comunidad, pero también la recepción de personas externas a la comunidad que llegan para consumir productos a través de formas de turismo sostenible; en este punto los servicios y la producción de artesanías se suman al sistema económico, los de afuera no depredan, intercambian riquezas y saberes, conocen la cultura local y dan a conocer sus culturas a través del diálogo y el intercambio.
Nuevamente la autogestión y lo asociativo cobran fuerzas, desde el diálogo con la comunidad, el pueblo o los pueblos vecinos, las organizaciones intermedias, los gobiernos locales y los propios vecinos.
Luego llegamos a un tercer estadio, el de la escala de los excedentes. Esto requiere volumen y planificación. Los destinos de estos productos irán afuera de la comunidad, esto no debe interferir con lo anterior sino integrarlo, completarlo. El consumidor urbano recibirá esta producción aún sin saber de donde viene ni como se produce, el desafío es hacérselo conocer, es por eso que necesitamos nuevamente de lo asociativo, la colaboración con organizaciones y personas en las ciudades para generar consumo crítico y responsable; el valor de marca desde la trazabilidad de todo el sistema y no sólo desde la invención de un mito, la generación de confianza a pesar de la distancia. Los movimientos de comercio justo, orgánicos y de slow food, tienden a generar estas plataformas de interacción con lo urbano; el volumen y la calidad sin desangrar la cultura y la comunidad de origen. Ahora bien, esto está creciendo y es el momento de generar una voz de atención con la burocratización del sistema de etiquetados, un desafío que desde las bases debemos tomar, el de generar sistemas fuertes de certificación participativa para atravesar este recorrido sin dejar de lado el origen de donde parte la agroecología.
Durante todo este recorrido tenemos dos dimensiones que atraviesan trasversalmente todo el sistema. La dimensión económica, los aspectos financieros para la producción y la planificación, los aspectos comerciales ligados al precio y la creación de los productos con sentido de marca, contribuirán a la sustentabilidad del modelo. La otra dimensión insoslayable en esto es la política, la especulación desde el valor dinero no tiene lugar en esta construcción económico-cultural, es aquí que la incidencia política influye ahora en sentido económico: la riqueza no es acumulativa, la riqueza es para la vida y se genera desde una experiencia plena, como productores, como consumidores, como investigadores, como creadores, como personas.
Salud al crecimiento de la conciencia agroecológica y adelante.
Harold Picchi
Pigüé 23 de abril de 2011
miércoles, 20 de abril de 2011
El arte es amor, el amor es vida, la vida es camino…
Una hermosa mujer, que despierta el deseo de los hombres, al caer al lago asusta a los peces. (Koan de John Cage)
sábado, 22 de enero de 2011
El Camino del Ñandú
Apuntes sobre el Chaco, el algodón y la Cadena Textil…
Hay una región en la Argentina que parece no existir…
La Patagonia es poseedora de cinco provincias, todas con grandes lagos y montañas y con el valor agregado de ser el “fin del mundo”. Porque Islandia, Alaska o Groenlandia no son el fin del mundo, están en el norte; son regiones fantásticas pero están “arriba”; el mundo en cambio, termina al sur...
Las provincias de Cuyo son dueñas de la gesta sanmartiniana, de los Andes secos y del vino. El Noroeste es también los Andes, con color y mal de altura, la puna y la cultura hermana de Bolivia y Perú.
La Pampa y el Litoral dan forma a esa típica Argentina gaucha, la de la carne, el fútbol, la milonga campera y ciudadana, que después fue tango. También en su extremo está la selva, el mate y el agua… Las grandes aguas, acompañadas de chamamé y de algunas polkitas gringas.
Las sierras centrales en cambio, son de los argentinos, no trascienden fronteras, pero las utopías, la apertura, la belleza y las nuevas cosas siempre vienen de por aquellos lados.
Y el Chaco? Hay cuatro provincias que comparten su territorio, o parte de él, Salta, Santiago del Estero, Formosa y la provincia homónima, llamada como él. Una región llana y misteriosa, de vacas magras, algodón, polvo y calor letal. Muchos de sus pobladores son aborígenes que han luchado y resistido a las tropas de la República, igual que los sureños tehuelches, aunque sin tanta fama. Por estos pagos bonaerenses no sabemos casi nada de sus rebeldías, gestas, dolores y muertes. Sin embargo hoy muchos de ellos resisten de muchas formas, por ejemplo hablando sus propias lenguas o resisten profundamente, desconfiando del hombrecito blanco, el gringo, el criollo, en especial el porteño... Todos ellos, indefectiblemente podemos portar estafa o regalos, caridad o muerte. Estos hombres tan extraños a nosotros, cuando se refieren a la tarde miran o señalan el ocaso, cuando hablan de Buenos Aires por ejemplo, señalan hacia el sur. Para todos ellos los pájaros son augures, y el futuro los viene esperando allá atrás… Observan el presente y el pasado mientras aguardan los eventos del futuro. No conocen nuestra ansiedad y cuando la observan les divierte y puede que hasta les asuste un poco. Esto no los hace congelarse ni quedarse, de ninguna manera. Su hacer es diferente, es colectivo, no sólo entre ellos, sino unido con los seres con quienes conviven. El Monte es parte de éstos seres y quien además los alberga.
Los habitantes del Chaco son invisibles al país y se están muriendo junto con el Monte. También pueblan al Chaco los criollos. Éstos y aquéllos viven como pueden, cultivan poco, crían algunos animales, tienen poca tierra y muchas veces pelean entre sí porque no se entienden. Ella, la Tierra, como en casi toda América, tiene pocos dueños. Los muchos en cambio son los criollos y los aborígenes, igualados como campesinos y como pobres, alcanzan a hacer tres o cuatro toneladas de algodón, porque pueden cultivar tres o cuatro hectáreas, que muchas veces ni siquiera les pertenece.
No hay explicación para tal anonimato.
El siglo XXI propone al Chaco una elección existencial, sustancial: Una alternativa es Pampeanizarse, ésto se hace corriendo o “arreando” a sus genuinos pobladores rumbo a las ciudades, ofreciéndole los espejos del colorido consumo; y al monte en cambio “llevandoló”, desapareciéndolo hacia la nada, talándolo, quemándolo, empujándolo con las palas, desnudando el hermoso, aunque frágil y joven humus chaqueño. La otra posibilidad en esta elección crucial a la que se enfrenta es levantarse, haciendo tornar grande al Monte Impenetrable, creando oasis de vida en él.
La agroecología convive con el monte y con la cultura del agro, las chacras familiares y cooperativas buscan la convivencia del algodón con maíces, curcubitas y porotos, y en su rotación le dan pie a chivos y gallinas. Ese caos biodiverso, creado por los hombres del Chaco, defendido por lapachos y timbós, caraguatás, orquídeas y yararás, es riqueza, es belleza, es vida del país. Un algodón cosechado a mano en esos territorios intensos, libres de la síntesis de los laboratorios, se expresa más blanco, más largo, más valioso y bello.
Esa fibra, hoy todavía especial, que en la Cadena Textil Solidaria queremos que deje de serlo, porque buscamos que toda la fibra sea fuerte y buena. Esa fibra digo, se hila y viaja al sur, a una fábrica de amigos, cerquita de unos cerros muy antiguos, donde los árboles son pocos y plantados, pero donde los hombres son también paisanos, hijos de viejos gringos en su mayoría, que tejerán, colorearán y convertirán en telas esos hilos para hacer que algunos de nosotros los vistamos y que esperemos sean cada día más.
Hay una región en la Argentina que parece no existir…
La Patagonia es poseedora de cinco provincias, todas con grandes lagos y montañas y con el valor agregado de ser el “fin del mundo”. Porque Islandia, Alaska o Groenlandia no son el fin del mundo, están en el norte; son regiones fantásticas pero están “arriba”; el mundo en cambio, termina al sur...
Las provincias de Cuyo son dueñas de la gesta sanmartiniana, de los Andes secos y del vino. El Noroeste es también los Andes, con color y mal de altura, la puna y la cultura hermana de Bolivia y Perú.
La Pampa y el Litoral dan forma a esa típica Argentina gaucha, la de la carne, el fútbol, la milonga campera y ciudadana, que después fue tango. También en su extremo está la selva, el mate y el agua… Las grandes aguas, acompañadas de chamamé y de algunas polkitas gringas.
Las sierras centrales en cambio, son de los argentinos, no trascienden fronteras, pero las utopías, la apertura, la belleza y las nuevas cosas siempre vienen de por aquellos lados.
Y el Chaco? Hay cuatro provincias que comparten su territorio, o parte de él, Salta, Santiago del Estero, Formosa y la provincia homónima, llamada como él. Una región llana y misteriosa, de vacas magras, algodón, polvo y calor letal. Muchos de sus pobladores son aborígenes que han luchado y resistido a las tropas de la República, igual que los sureños tehuelches, aunque sin tanta fama. Por estos pagos bonaerenses no sabemos casi nada de sus rebeldías, gestas, dolores y muertes. Sin embargo hoy muchos de ellos resisten de muchas formas, por ejemplo hablando sus propias lenguas o resisten profundamente, desconfiando del hombrecito blanco, el gringo, el criollo, en especial el porteño... Todos ellos, indefectiblemente podemos portar estafa o regalos, caridad o muerte. Estos hombres tan extraños a nosotros, cuando se refieren a la tarde miran o señalan el ocaso, cuando hablan de Buenos Aires por ejemplo, señalan hacia el sur. Para todos ellos los pájaros son augures, y el futuro los viene esperando allá atrás… Observan el presente y el pasado mientras aguardan los eventos del futuro. No conocen nuestra ansiedad y cuando la observan les divierte y puede que hasta les asuste un poco. Esto no los hace congelarse ni quedarse, de ninguna manera. Su hacer es diferente, es colectivo, no sólo entre ellos, sino unido con los seres con quienes conviven. El Monte es parte de éstos seres y quien además los alberga.
Los habitantes del Chaco son invisibles al país y se están muriendo junto con el Monte. También pueblan al Chaco los criollos. Éstos y aquéllos viven como pueden, cultivan poco, crían algunos animales, tienen poca tierra y muchas veces pelean entre sí porque no se entienden. Ella, la Tierra, como en casi toda América, tiene pocos dueños. Los muchos en cambio son los criollos y los aborígenes, igualados como campesinos y como pobres, alcanzan a hacer tres o cuatro toneladas de algodón, porque pueden cultivar tres o cuatro hectáreas, que muchas veces ni siquiera les pertenece.
No hay explicación para tal anonimato.
El siglo XXI propone al Chaco una elección existencial, sustancial: Una alternativa es Pampeanizarse, ésto se hace corriendo o “arreando” a sus genuinos pobladores rumbo a las ciudades, ofreciéndole los espejos del colorido consumo; y al monte en cambio “llevandoló”, desapareciéndolo hacia la nada, talándolo, quemándolo, empujándolo con las palas, desnudando el hermoso, aunque frágil y joven humus chaqueño. La otra posibilidad en esta elección crucial a la que se enfrenta es levantarse, haciendo tornar grande al Monte Impenetrable, creando oasis de vida en él.
La agroecología convive con el monte y con la cultura del agro, las chacras familiares y cooperativas buscan la convivencia del algodón con maíces, curcubitas y porotos, y en su rotación le dan pie a chivos y gallinas. Ese caos biodiverso, creado por los hombres del Chaco, defendido por lapachos y timbós, caraguatás, orquídeas y yararás, es riqueza, es belleza, es vida del país. Un algodón cosechado a mano en esos territorios intensos, libres de la síntesis de los laboratorios, se expresa más blanco, más largo, más valioso y bello.
Esa fibra, hoy todavía especial, que en la Cadena Textil Solidaria queremos que deje de serlo, porque buscamos que toda la fibra sea fuerte y buena. Esa fibra digo, se hila y viaja al sur, a una fábrica de amigos, cerquita de unos cerros muy antiguos, donde los árboles son pocos y plantados, pero donde los hombres son también paisanos, hijos de viejos gringos en su mayoría, que tejerán, colorearán y convertirán en telas esos hilos para hacer que algunos de nosotros los vistamos y que esperemos sean cada día más.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Pequeños fascistas
Nuestros abuelos, los tanos, gaitas, gringos, rusos, turcos, no eran descendientes del Dante, ni de Benedetto Croce, eran, para los criollos del 900, ignorantes roba trabajo, como lo son hoy los bolivianos, peruanos, paraguayos, uruguayos, chilenos que vienen a crear, buscar, aprender, sobrevivir y, si se puede vivir algo de la vida, al menos, a un país con una constitución hermosa, una constitución abre puertas e inclusiva.
Los enanos fascistas que dicen tantas pavadas, ¿ qué son? ¿europeos? Para ser europeo en Argentina tenés que ser wagnerrriano decadente, alcahuete de un continente viejo. Nietsche nos contó de la vejez de la alta cultura occidental hace 130 años, señores del país en serio, ergo país como en Europa, de la Buenos Aires europea, de las ciudades de la pampa húmeda llena de cereales, leguminosas y vaquitas que comemos recien salidas de los feed lots. Señores pobres alcahuetes, nacidos de sangre plebeya europea, venida de una tierra que hoy expulsa inmigrantes por derecha y los atrae por izquierda, pero no por la izqueirda política, por la izquierda que esconde el trabajo negro, como las pieles de esas amenazas a la seguridad y al bien común, pero que deben limpiar sus letrinas y contruir sus casas, tierra ella la europea, nacida entre guerra y guerra, con la impronta de la expulsión, tierra sin embargo maravillosa de cultura, de ideales, donde nacieron las izquierdas.
Vean a las vanguardias, de las cuales los bien pensantes argentinos cultos, que escuchan buena música culta, se jactan conocer; véanlas y aprendan de su barro y no de los marcos en los cuales están colgados hoy. Malevich, Duchamp, Picasso, Satie, Modigliani, Picabia, eran visionarios de la decadencia cultural, genios que mostraron lo que hoy es evidente, excepto para ustedes, los que ironizan y ven a la plebe como ruido y no como verdad.
Enciérrense en sus torres mediocres, las de cristal ya se rompieron hace rato, las de ustedes son de tuperware. Ni siquiera entendieron al gran Jorge Luis encerrado en torres de sabiduría, lejos de la plebe pero cerca de la esencia de la belleza, salvaguardado por la maravilla del ser poético, la plebe puede leerlo, y entender una clave existencial que la gilada individual y bien pensante nunca va a entender, porque están encerrados en sus miedos y sus miserias, en sus pelos castaños y rubios y pieles blancas, como la historia de la que creen descender. Ustedes a quien critican? a quienes temen? Pintan dos o tres cuadritos, escriben tres o cuatro ensayos, componen cuatro o cinco piezas y creen que son vanguardia. La retaguardia de los que leemos el pasado en el cual encontramos las incoherencias de nuestra historia es tan válida como lo nuevo, es lo nuevo, y la alcahuetería de vosotros es lo viejo, porque el miedo a lo diferentes es la base de la mediocridad.
Pato trabaja en una carnicería...
Los enanos fascistas que dicen tantas pavadas, ¿ qué son? ¿europeos? Para ser europeo en Argentina tenés que ser wagnerrriano decadente, alcahuete de un continente viejo. Nietsche nos contó de la vejez de la alta cultura occidental hace 130 años, señores del país en serio, ergo país como en Europa, de la Buenos Aires europea, de las ciudades de la pampa húmeda llena de cereales, leguminosas y vaquitas que comemos recien salidas de los feed lots. Señores pobres alcahuetes, nacidos de sangre plebeya europea, venida de una tierra que hoy expulsa inmigrantes por derecha y los atrae por izquierda, pero no por la izqueirda política, por la izquierda que esconde el trabajo negro, como las pieles de esas amenazas a la seguridad y al bien común, pero que deben limpiar sus letrinas y contruir sus casas, tierra ella la europea, nacida entre guerra y guerra, con la impronta de la expulsión, tierra sin embargo maravillosa de cultura, de ideales, donde nacieron las izquierdas.
Vean a las vanguardias, de las cuales los bien pensantes argentinos cultos, que escuchan buena música culta, se jactan conocer; véanlas y aprendan de su barro y no de los marcos en los cuales están colgados hoy. Malevich, Duchamp, Picasso, Satie, Modigliani, Picabia, eran visionarios de la decadencia cultural, genios que mostraron lo que hoy es evidente, excepto para ustedes, los que ironizan y ven a la plebe como ruido y no como verdad.
Enciérrense en sus torres mediocres, las de cristal ya se rompieron hace rato, las de ustedes son de tuperware. Ni siquiera entendieron al gran Jorge Luis encerrado en torres de sabiduría, lejos de la plebe pero cerca de la esencia de la belleza, salvaguardado por la maravilla del ser poético, la plebe puede leerlo, y entender una clave existencial que la gilada individual y bien pensante nunca va a entender, porque están encerrados en sus miedos y sus miserias, en sus pelos castaños y rubios y pieles blancas, como la historia de la que creen descender. Ustedes a quien critican? a quienes temen? Pintan dos o tres cuadritos, escriben tres o cuatro ensayos, componen cuatro o cinco piezas y creen que son vanguardia. La retaguardia de los que leemos el pasado en el cual encontramos las incoherencias de nuestra historia es tan válida como lo nuevo, es lo nuevo, y la alcahuetería de vosotros es lo viejo, porque el miedo a lo diferentes es la base de la mediocridad.
Pato trabaja en una carnicería...
viernes, 3 de diciembre de 2010
Camino hacia ningún lugar
Camino hacia ningún lugar. David Byrne, del álbum “Pequeñas Criaturas”, Talking Heads, 1985.
Luego de los incidentes en donde murieron un indígena y un policía. Infobae, 29/11/2010
María Soledad, Carrasco, Cabezas, Miguel Bru, Maxi y Darío, Julio López, Fuentealba, Mariano Ferreyra. Hijos, hermanos, compañeros, amigos que vivían y hoy ya no viven; están en el panteón de los muertos y desaparecidos en democracia.
Cuenta la leyenda norteamericana que Billy the Kid no contaba entre sus muertes a mejicanos e indios, en nuestra tierra tampoco significaban nada hasta muy poco tiempo atrás. Hay muchas muertes injustas en el Gran Chaco Americano y, como muertes indias que son no cuentan. La raza cuenta muertes en su haber, el racismo de nuestra cultura las ignora.
Pensemos sinceramente si recordamos los nombres de los dos muertos en represión Formosa como recordaríamos los de un muerto urbano y blanco.
Pensemos, menos trágicamente ahora, si la ruta cortada fuese ruta vacacional, qué sucedería pasados cuatro largos meses de corte.
Un muerto se llamaba Roberto Lopez, nombre hispano, sangre qom. Manifestaba, reclamaba, pedía justicia. El otro era policía, se llamaba Heber Falcón, víctima de la represión de su propia tropa, quienes portaban las armas. Los acusados son sin embargo aborígenes que reclaman por el derecho a la tierra, cortando desde hace cuatro meses una lejana ruta que nadie en estos porteños pagos, sabe hacia adonde va.
Los tiempos que corren se intuyen distintos, ahora se habla, se manifiesta también en Buenos Aires por muertes injustas y lejanas, muertes negras, indias. No olvidemos estas muertes.
martes, 9 de noviembre de 2010
No primavera, no vida, todo no…
No hay nada que hacer de noche… y un chico nace casi en Anhedonia… (Charly García)
Cuando vi en la tapa de los diarios la noticia de la muerte de Galtieri, tuve una extraña sensación. Volvía de un largo viaje, intenso, de aprendizaje e iniciación pero también de abandono a mi familia, de mucha tristeza y soledad. No me fui exiliado, simplemente fui como un pobre ansioso que no supo lo que hacer en 2001, y que simplemente atinó a huir, como tantos, a ver otros mundos, los mundos originarios de nuestra crisis civilizatoria, los mundos de la polaridad hacia arriba, de los norteños, de los viejos europeos.
En Ezeiza lo vi, sentado en un sillón, con una copa de whisky, bebida que amo, pegada con photoshop por los creativos de Página 12. Compré el diario y devoré las notas, seguía sintiéndome un extraño… ¿cómo disfrutar de la muerte? Eso no es bello, ni bueno, ni feliz. Ese mismo día murió dudosamente una amante del Vendedor Estatal, una diputada en ejercicio llamada Claudia Meza, ¿alguien la recuerda? bajo efectos de suicidio por envenenamiento o sobredosis, o algo así, como solía morir la gente asociada al poder en la década anterior, en los famosos y liberales, locos ´90.
Ayer murió Massera, y me encuentra de nuevo descolocado. No sé cómo se celebra la muerte. Pero lo veo, vestido de Almirante en las tapas de los diarios y me da escalofríos.
Recordemos la muerte de ese soldado degradado, ebrio y violento hace pocos años, junto a la de este otro marino inmoral y corrupto. Igualémoslos en el recuerdo.
Recordemos que en democracia se continuó su legado, con más corrupción, negociados, muerte y exclusión. Estamos a tiempo de corregir esa obra.
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